Es una de mis palabras preferidas. La incluyo en mi curriculum y siempre que hablo de trabajo. Es más que eficacia. Es convertir en óptimo lo que ya sale bien.
El otro día tuve una muestra de eficiencia en el metro de Barcelona. El metro estaba parado. No entraba ni salía ningún tren desde el andén en el que yo estaba. Se había producido un suicidio hacía escasos minutos a tan solo dos paradas.
Los viajeros tuvimos que salir buscando otras posibilidades. Algo de desconcierto, pero nadie se quedaba parado. Todos sabían que si el metro no funcionaba tenían que buscar una alternativa. Quizás yo era el más perdido de todos. Tenía al lado una parada de autobús y ni siquiera me acercaba a ella, la noticia del suicidio me había dejado perplejo.
A tan solo dos calles había trenes de cercanías y pensé que sería más sensato que tomar algún autobús donde siempre me siento tan inseguro si no conozco bien el trayecto que realiza. De camino al tren veo que hay otra boca de metro y veo gente accediendo. Pienso que puede haberse restablecido el servicio y entro. Efectivamente ya volvían a salir los trenes.
Paso delante de una pareja que hablan con una señora mayor. La señora les indica lo ocurrido. El esposo asiente con la cabeza: "Sí, el mes pasado se tiró otra persona". Seguramente - esto lo afirmo yo - el mes pasado tardaron algo más en volver a activar el servicio. Pero ya lo han realizado no solo de manera eficaz sino de manera eficiente pues los pasajeros no tuvimos que esperar ni siquiera diez minutos para volver a usar el metro.
Desde mi ignorancia - a la que ya no hay remedio pues no buceé en internet para buscar más información de lo ocurrido - creo que esa persona anónima merecía al menos una hora de incomunicación de trenes. Un silencio en su nombre, porque este mundo que nunca deja de girar merece que perdamos algo de nuestro tiempo de cuando en cuando... aunque solo sea por humanidad, una palabra que no entiende de eficiencia.
miércoles, 18 de noviembre de 2009
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